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Snowboard en los Volcanes de México
Una aventura Inédita
Franco Grasso

 

Nevado de Toluca, 6 febrero

Durante la semana del 1 al 4 de febrero ocurrieron en México nevadas extraordinarias que cambiaron las condiciones de la montaña  por completo, además del calendario didáctico de la Escuela Nacional de Alpinismo y Rescate Alpino, ItalianTREK.

¡El día 5 volvió a tener el cielo despejado y dos metros de nieve fresca! Con estas condiciones, lo ideal para hacer alpinismo es acceder a la montaña con esquíes o con snowboard; esto no sólo lo pensé, sino que lo expresé con entusiasmo durante la reunión del club. Es probable que nadie se lo tomara en serio, pero al día siguiente mi entusiasmo me ayudó a conseguir un excelente snowboard marca Head, ¡como en los viejos tiempos!

El día 6 nos juntamos a las 7 a.m. con un grupo de alpinistas del Club Alpino ItalianTREK para llevar a cabo una ascensión al Nevado de Toluca y yo aparecí con mi snowboard entre el estupor del conjunto los compañeros para hacer el intento de esquiar (¡después de un año sin hacerlo!). Entre los compañeros del Club iban Noemí, Carlos, Dulce y Miriam.

En el Nevado de Toluca encontramos condiciones ideales de clima, pero la nieve ya se había cristalizado mucho e, inclusive, presentaba una sutil capa superficial de hielo-vidrio, lo que determina la dificultad de poder “morder” la nieve con las láminas metálicas laterales del snowboard para poder controlar el descenso de forma adecuada. Sin embargo, se tomó la decisión de subir hacia la cumbre del Pico del Águila.

Al subir, yo me sentía en mi casa, ¡en medio de toneladas de nieve! Se me hacía normal hacer lo que estaba haciendo: subir con mi snowboard amarrado a la mochila. La única preocupación surgía del hecho que llevaba ¡más de un año sin esquiar! Por ello no hacía caso a la gente que encontraba en el camino y que ¡no dejaba de verme con su cara estupefacta!

Otro objetivo de la ascensión era también llevar a cabo un estudio sobre la estabilidad de la nieve, pues había nevado mucho y se quería tener datos más precisos sobre el peligro de avalanchas. Las pendientes de nieve se observaban “cortadas” en diferentes puntos debido el sobrecargo de las nevadas; y se detectó un peligro de avalancha real, aunque no muy alto, a causa de la formación de costras superficiales con la presencia de diferentes capas (había una nevada precedente que constituía el plan de deslice al fondo) con escasa cohesión entre ellas.

Por esto no quisimos esperar horarios más “calientes” y efectuamos el ascenso temprano, subiendo hasta donde era posible y evitando pendientes muy congeladas, o canaletas con demasiadas piedras. Durante esta subida se tomaron las precauciones necesarias para evitar accidentes de avalanchas, eludiendo pasar por las pendientes de nieve y optando por escalar en roca y hielo.

A la base de la Cumbre del Pico del Águila empezó el descenso hacia Venados, que se llevó a cabo, inicialmente, por declives muy congelados y, luego, en medio del espeso bosque, surfeando sobre nieve más blanda.

Cabe destacar que la parte superior (de base del Pico del Águila a la carretera) se esquió dos veces, pues volví a subir para aprovechar de día  y de ¡los magníficos descensos!
 

NEVADO y MALINCHE, 20 y 21 febrero

El sábado 20 nos encontramos en la misma situación que en la semana del 1º de febrero: acababa de nevar de forma abundante y la Escuela Nacional de Alpinismo y Rescate Alpina, ItalianTREK, no tuvo otra opción que suspender sus actividades (teníamos programadas algunas expediciones y un curso de escalada en hielo, todas en el Iztacíhuatl) por exceso de nieve y peligro de avalanchas.

Debido a ello, durante nuestras reuniones semanales de los días jueves, el Club Alpino ItalianTREK organizó la salida recreativa “Bilogía --Nevado y Malinche”.

Según este plan, el 20 de febrero nos juntamos a las 7 a.m. en nuestra sede del Club y nos trasladamos al Nevado de Toluca, que estaba parcialmente cerrado por la enorme cantidad de nieve recién desplome. Por ello que tuvimos que empezar la ascensión desde el pueblo Raíces, en donde dejamos estacionados los coches. Entre los compañeros del Club iban Emilio P., Paco Rf, Dulce, Mayra, Néstor y Laura.

El plan general era hacer alpinismo y subir a la cumbre; el mío, una vez más, aprovechar la increíble esquiada para hacer snowboard de alpinismo.

Sin embargo, aunque los compañeros alpinistas del club siguieron hasta la cumbre, yo tomé la decisión de quedarme a las faldas del volcán, considerando la presencia de una nieve ideal, junto a diferentes cliffs y “tubos” naturales de varios metros de alto que ¡se parecían bastante a las instalaciones de un snowpark suizo!  ¡Por supuesto había que aprovecharlo al máximo!

Mientras mis compañeros subían hacia la cumbre del Nevado de Toluca, me di un número impreciso de vueltas para probar las jumps y tuve el gusto de enterarme de que no sólo las descargas de adrenalina no suelen cambiar con los años que pasan, sino que también ciertos movimientos no se olvidan ya que, después de unos cuantos grabs de calentamiento, pude cerrar figuras como Indy Nose-Bone,
Ground beef y 180 Air.

¡Día superlativo!

En la tarde-noche bajamos y nos trasladamos a Villas Xacalas en Apizaco para subir el día siguiente a la Malinche.  ¿Habría nieve suficiente para bajar en snowboard? Esto era lo que me estaba diciendo a cada rato, pues la Malinche nevada ¡es realmente una cosa muy bizarra!

Entre los compañeros del Club iban conmigo Dulce, Néstor, Laura y Juan Carlos (¡recogido en la Condesa!). En Apizaco se sumaron Quique y Emilio V.

Después de una cena exquisita, tuvimos un descanso excelente en las bellas y cómodas cabañas, concordando de antemano entre todos los alpinistas que el horario del despertador no iba a ser antes de las 7 AM, pues estábamos muy cansados del día en el Nevado.

Al amanecer, nos esperó un delicioso desayuno, una excelente combinación entre especialidades regionales y productos macrobióticos (para el alto rendimiento, ¡je!), y después al coche, derechitos a la Malinche.

El grupo de alpinistas subía ordenado y veloz, rebasando a todo mundo. Era claro que íbamos a subir la Malinche, no había de otra, la única duda era mía: ¿Realmente habría nieve suficiente para bajarla en snowboard o sólo estaba cargando 8 kilos de peso para la falsa gloria?

Llegando a la base del volcán, miré de inmediato que había una impresionante y vertiginosa canaleta, muy nevada, que bajaba a lado de la cumbre mayor hasta el valle en donde me encontraba. ¡La solución perfecta!

Empecé a subir por la canaleta con mi “piolet” y “crampones” para verificar de forma directa las condiciones de la nieve, mientras mis compañeros se desviaban hacia el lado derecho para tomar el camino común. Al inicio, la canaleta era fácil y había huellas, pero desde la mitad ya no había camino marcado y la nieve abundante me hizo tomar la decisión de moverme hacia el labio derecho de la canaleta, mucho más técnico, pero más seguro ante el peligro de avalancha.

La demás escalada fue muy fina, por rampas de más de 50 grados y con las puntas de los “crampones” y del “piolet”, los cuales sólo entraban en el hielo unos pocos milímetros, cuando no se recargaban de manera delicada en las pequeñas regletas de la roca. En montaña esto es lo que me gusta, pero ese día fue muy molesto, pues el viento estaba soplando horrible y el snowboard que se asomaba de mi mochila hacia efecto vela y me movía en cada ráfaga.

Me tarde, un par de horas en ascenderla toda, perdido en aquella concentración absoluta que se genera tras una escalada técnica y en solitario. Llegando arriba entronqué con la ruta normal y encontré a mis compañeros que, al momento en que me abrochaba el snowboard, se quedaron callados. (Al final del día, Néstor, el más experto de nosotros, me confió que sólo se quedó pensando en ¡cómo llevar a cabo el rescate!). Juan Carlos nada más me dijo: “¿quieres que te tome fotos y videos?”. Yo sólo le conteste que si, y después: “¿quieres que baje un poco más para tomártelas?”. “No”.

En ese momento algo estaba muy claro: ¡ese descenso era en extremo peligroso! La canaleta era bastante estrecha y tenia sobre-cúmulo de nieve fresca, que le daba una inclinación de 50 grado. Más claro: esta es la barrera que separa una esquiada muy difícil de una extrema. A lado derecho tenía hielo-vidrio en donde, al contacto, hubiera empezado una caída libre de cientos de metros y, en el izquierdo, una pared de roca para estrellarme. Así que sólo se podía bajar por la estrecha lengua de nieve fresca que estaba por completo despegada del hielo por debajo y que parecía derrumbarse en cualquier momento. Ya me estaba viendo arrastrado varios cientos de metros y sepultado por toneladas de nieve en una avalancha! Como si no fuera bastante, ¡el viento soplaba cercano a los 80 Km. /h!

La tensión estaba al tope y no me favorecía a tomar una decisión: pensaba en que otras veces había hecho acciones parecidas, pero seguro no con un año entero sin esquiar. Pero el sol empezaba a darle encima y a aflojar más la nieve. A mi favor sólo tenía el estado de profunda concentración y, entonces, bajé de una vez, sin escuchar voces y valiéndome gorro las fotos o los videos.

Con rapidez me tiré en la canaleta y empecé a bajar “a bomba” con curvas potentes y furiosas sin sentir el dolor de los músculos que rechazaban tal actividad destructiva. De esta forma logré bajar la primera parte sin traerme una avalancha detrás. En este punto me pude detener un instante breve y bajar con lentitud la segunda parte, tratando de desfrutarla más, aunque la tensión de lo recién hecho no me abandonaría hasta después de unas cuantas horas.

Fue ésta, entre las bajadas más peligrosas que nunca hice en mi vida, la más arriesgada y peligrosa: ¡en la Malinche!
 

IZTACCÍHUATL, 23 y 24 febrero

Bajando la Malinche, ya estaba pensando en la siguiente posibilidad de esquiar. Tenía una salida programada al Pico de Orizaba para el siguiente fin de semana, esto para presenciar una práctica de Rescate Alpino, que la Escuela Nacional de Alpinismo y Rescate Alpino, ItalianTREK, estaba impartiendo al Gobierno del Estado de México.

Por ello fue fácil pensar en presentarme ese mismo día con mi snowboard para intentar bajar el Pico, pero también se me antojaba el Iztaccíhuatl, el otro volcán grande fuera de la lista, pues el Popocatépetl estaba cerrado y no era posible subirlo y menos bajarlo “snowboardeando”.

Entonces, el lunes envié un correo al Foro de ItalianTREK, preguntando si algún buen alpinista tenía intención de acompañarme el martes, de pinta, al Iztaccíhuatl. Contestaron de inmediato Néstor y Juan Carlos. Ya tenía operador de cámara y operador de video, además de dos fuertes alpinistas como compañeros de aventura. En este momento nació el proyecto “Freeride en los Volcanes de México”, la locura de bajar en snowboard los más emblemáticos Volcanes de México. Ya teníamos dos, pero el reto estaba abierto, pues faltaban los volcanes más difíciles de todos, inclusive el Pico de Orizaba que, al parecer, nadie había bajado nunca en snowboard desde su cumbre.

El descenso del volcán Iztaccíhuatl constituyó así la tercera etapa de este proyecto y el día 23 de febrero salimos en la tarde del DF y fuimos a acampar en las faldas del volcán en donde descansamos la noche muy rico. Al siguiente día, amanecimos a las 5 a.m., tras una noche en compañía del silencio de la montaña, y subimos en estilo ligero la “Mujer Blanca y Dormida” para alcanzar su Rodilla y bajar desde esta cumbre así como planeado; el viento soplaba cercano de los 80 Km. /h, lo que nos hacía dudar de lo factible del proyecto, pero seguíamos subiendo, con la fortaleza que nos dieron las decenas de ascensiones que tenemos cada año en el Iztaccíhuatl.

Sin embargo, acercándonos a la Rodilla, nos dimos cuenta de que esta cumbre no contaba con las condiciones necesarias para el descenso: presentaba muy escasa nieve.

Decidimos de igual forma de ascender la Rodilla, escalando los pasos técnicos que se presentaban y con la dificultad extra de ese molesto viento que nos azotaba en todas partes. De esta forma llegamos arriba de la Rodilla (5000 m.)

Aquí nos enteramos que tampoco el glaciar trasero de la rodilla era propicio. Para alcanzar la ladera de nieve era necesario llevar a cabo un “tiro rappel” o des-escalar un barranco, pero también debajo de este la las piedras estaban muy poco cubiertas de nieve. Seguimos entonces hasta el Monte Venus (5,100m), decididos en bajar por el glaciar del Ayoloco.

Las condiciones tampoco aquí eran muy buenas, la nieve estaba muy congelada y la parte de arriba del glaciar (La Panza) era muy resbaloso y peligroso, con partes muy amplias de hielo negro. En ese momento el viento soplaba alrededor de los 60 Km. por h., y esto constituía una dificultad extra en contra del buen éxito del proyecto.

Al final, se tomo la decisión de “Forzar las condiciones” y hacer un intento de descenso. Me sentía fuerte por los procedentes descensos en nieve dura en el Nevado  y en declives extremos como L a Malinche, además, ¡Por eso habíamos llegado hasta allá arriba!

El descenso en snowboard empezó por un primer muro vertical de unos 45 grados de inclinación que se enfrento exitosamente no obstante lo congelado de la nieve que dificultaba el control de la tabla. Además, se tuvo que enfrentar directa y velozmente para agarrar la carrera suficiente necesaria para surfear por toda la parte plana que seguía a este. La Panza estaba congelada… imposible controlar el snowboard y solo se pudo cruzar los dedos. Afortunadamente esta parte no es muy empeinada!

Juan Carlos y Néstor se movían rápidos y precisos por lo largo del glaciar, posicionándose en lugares estratégicos para las tomas e inmediatamente después alcanzándome y rebasándome para cambiar su posición en friega!. Fue espectacular verlos!

En seguida de esta se presentaba otro muro vertical: El Glaciar del Ayoloco, con nieve demasiado dura y los mismos problemas de descenso de la parte alta, pero con una caída continua de 200 metros por un declive cercano a los 45 grados de una inclinación. El descenso fue bastante técnico y un poco peligroso y un poco peligroso, pues tenía que ser rápido y sin posibilidades de errores.

Llegando a la base del glaciar, la parte baja que quedaba era mucho mas relajada y divertida; la pendiente era dulce y la nieve mas blanda, sin presentar peligro de avalanchas, así que nos pudimos divertir buscando la estética de curvas “a serpiente” y de algunos saltos acrobáticos en los cliffs naturales.

Sin embargo fue diferente para Juan Carlos Y Néstor que en la parte baja que yo flotaba ligero y delicado en la nieve a cada paso se hundían ruinosamente en la nieve fresca hasta la cadera, pues tuvieron que marcar camino ya que nadie había entrado en el Ayoloco antes que nosotros.

El descenso a la altura de 4,100 metros aproximadamente (Corral de vacas),

Lo que implico un descenso total de 1,000 metros de desnivel de bajada, una increíble experiencia que nos regalo esta querida montaña!
 

PICO DE ORIZABA, 27 y 28 febrero

Para terminar el proyecto “Freeride en los Volcanes de México”, sólo nos faltaba el Pico de Orizaba, pues ya habíamos bajado el Nevado de Toluca, la Malinche y el Iztaccíhuatl. Sin embargo, este volcán, además de ser el mas grande y el más temible, tiene un enorme cono muy inclinado que es casi imposible de esquiar sin nieve recién caída, pues el glaciar perenne suele ser muy atormentado por los vientos que lo hace asumir formas muy irregulares y con consistencia de hielo-vidrio que no da posibilidad de agarre al snowboard. En estas condiciones es realmente de miedo, pues ¡la caída desde allá arriba tiene un desnivel continuo de miles de metros!

El sábado 27 salimos a tempranas horas del DF para trasladarnos a Piedra Grande, en la base del volcán. Dentro del Club Alpino ItalianTREK iban conmigo Juan Carlos, Néstor, Noemí, Fede, Paco M, Andrea, Quique, además de los compañeros rescatistas del SUEM-ISEM para su ejercitación. Llegando al albergue, nos dimos cuenta de que estaba, por completo, lleno de personas y sólo quedaban pocos lugares; así que sacamos las tiendas y casi todos nos acomodamos fura del albergue. Lo que no lo hicieron, tuvieron una noche asediados por los ásperos sonidos de los roncadores de montaña: ¡los más temibles en su categoría!

Después de un par de horas de sueño, nos levantamos a la 1:00 a.m. del día domingo 28 d Febrero y empezamos a subir por las laderas nevadas del Pico de Orizaba con un óptimo paso. Sin embargo, no estaba en muy buenas condiciones y sentía el peso del snowboard aplastarme la espalda, pues no había dormido casi nada la noche antes pero, sobre todo, la pinta del Iztaccíhuatl me había costado repetidas desveladas que me habían impedido recuperarme de forma suficiente del anterior descenso. De manera constante pensaba en que no hubiera llegado hasta arriba, pero también saboreaba las bellísimas pendientes de nieve de la parte de abajo.

Pasando por los Arenales, por la cañada y por la canaleta, todos por completo sepultados de espesa nieve, alcanzamos la base del glaciar. Aquí sentí regresar las fuerza y de forma automática empecé a “meterle pata” junto con mis compañeros. Rebasamos todas las cordadas que habían salido antes de nosotros y llegamos al cráter.

El clima estaba muy favorable: nada de viento y cielo despejado. El único problema eran las condiciones de la parte alta del glaciar, casi imposibles para descender en snowboard.

La parte alta del cono del volcán (400 metros de desnivel!) presentaba una enorme cantidad de hielo vidrio que volvía el descenso prácticamente imposible… exactamente lo que íbamos a esperar que no pasara!

Aun así tomé la decisión de bajar en snowboard, deslizándome con la tabla y el piolet y sin la posibilidad de dar  muchas curvas en la parte alta. La falta de aire de la alturas, junto al esfuerzo que implica brincar y mover de prepotencia el snowboard fue mortal y me impulso descansar en diferentes ocasiones, anclándome con mi piolet para no ser engargantado por el infinito barranco.

Por supuesto el gigantesco miedo derivado por el evidente peligro se imponía y, como suele ocurrir para los alpinistas experimentados, me ayudaba a hacer todo con extrema precisión y precaución.

Baje por la cáscara de plátano de 45 grados del hielo vidrio enterrando la laminas con prepotencia para garantizar mi seguridad y brinque las profundas grietas del glaciar un par de veces hasta que, poco a poco, llegue a la parte intermedia del glaciar de Jamapa en donde el declive es mas a favor y la felicidad de haber pasado exitosamente la parte difícil me hizo estrenar curvas mas rápidas  de laminas y algunos brincos acrobáticos. Estaba fuera del peligro!

Descanse un poco a la base del glaciar y espere a mis compañeros. El cuidado y la seguridad de todos nosotros siempre prioridad. Entre tanto me quede un rato viendo a las demás  cordadas que se parecían a pequeñas hormigas, todavía nadie llegaba a la cumbre.

La parte baja ya estaba mejor, con nieve fresca. Además ahora me sentía súper bien y las condiciones de la montaña se daban para bajar en snowboard hasta Piedra Grande!

La canaleta fue una de las esquiadas mas fregona de mi vida. Con su nieve fresca por fin me pude comer su declive de casi 45 grados con rápidas riñoneadas.

Después la bajada fue todo un lujo y, poco antes del albergue, inclusive pude marcar una serpiente de precisión geométrica en nieve fresca y virgen, lo que mas satisfacción te da en el snowboard .En esta euforia me adelante y ya quise tener mi momento lejos de la videocámara para saborear el gusto de una nueva vida conquistada.

La bajada acabo en Piedra Grande, llevando acabo un descensotototote de 1,400  metros de desnivel y una experiencia única en la vida. Gracias al Pico de Orizaba (cerro de las estrellas en Náhuatl) que, aunque se presento en condiciones muy difíciles, no me hizo ver las estrellas!
 

Conclusiones

Todas las ascensiones se llevaron a cabo en estilo rápido y ligero, sin apoyos externos fuera de los mismos alpinistas. El ItalianTREK Team escalo la montaña por la rodilla en absoluta sencillez, respetando el silencio de las alturas y enfrentándose directamente con las dificultades de progresión que la montaña presento por cada paso es decir, es decir, cada quien escalo cargando su mismo equipo, snowboard incluido y todas las decisiones se tomaron en el momento, en base a las condiciones encontradas, confrontando las visiones y experiencias de cada uno de los compañeros alpinistas.

Sin duda, este estilo puro y sinérgico fue lo que dio una satisfacción única al éxito de nuestro reto, además de encontramos la montaña “sola” y pudimos vivirla íntimamente. Además, durante estos eventos muchos compañeros nos dieron la posibilidad de compartir con ellos sus logros personales en ascender estas montañas por primera vez, y esto nos dio una felicidad enorme.

Por otra parte, es muy probable  que muchos de estos descensos de cumbre en snowboard fueron los primero en efectuarse en absoluto, sin embargo esto no es lo mas importante. ItalianTREK enseña a vivir la montaña como filosofía de vida, para llegar a la esencia  de toda entidad e intender empíricamente las bases en donde se rige la vida de todos los seres humanos; el crecimiento personal a través del  compañerismo y del amor hacia la madre naturaleza… nada que ver con un lugar para romper marcas.
 

Muchas gracias a

Los Volcanes de México  por haber sido tan benévolos con nosotros y haber dado el permiso de vivirlos de esta forma.

El club alpino ItalianTREK, sus socios y amigos… por habernos apoyado tanto en este proyecto!

Todos los amigos y conocidos que compartieron con nosotros estas fuertes emociones!
 

Actualización de ultimo minuto

Después de toda esta aventura se han dado las condiciones para llevara a cabo otros descensos desde el Nevado de Toluca... unas surfeadas fantásticas en nieve blanda y por declives aun más demandantes con respecto a los primeros descensos.

Esto me ha dado la posibilidad de conocer nuevos amigos snowboarder (¡al parecer el snowboard en México hubo un avance increíble con esta temporada!) además del bajar la "depresión" derivada de la imposibilidad de volver a hacerlos si no dentro de unos años.

Alguna personas me han preguntado el porque de volver a esquiar una vez más al Nevado... Apoco me iba a perder esta posibilidad???

 

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dc
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